miércoles, 3 de marzo de 2010

El plan fallido (Capítulo 8)

<<Los golpes de la vida tienen sabor a sangre

pero saben cual manjares indescriptibles>>

Ahí estaba parado frente a mi destino, escuchando de fondo una canción hermosa, quizás la favorita de toda mi vida. Toda esa escena tan ridícula parecía tan ajena a mi vida, la situación era como si de pronto hubiera entrado en un set de filmación de alguna película de moda. Desafortunadamente soy plenamente consiente que mi vida no es así y tarde o temprano el encanto tenía que romperse.

Un hombre se acercó a la mesa donde se encontraba Alma, a la parecer no venía sola y toda la fantasía que había creado en mi mente se hizo morusas. Me sentí completamente estúpido y bajé del cielo al infierno en un segundo.

Y toda esa escena se transformó, todo se volvió tan extraño, me molestaba el humo de cigarro, el ruido de a gente parloteando, el lugar me pareció horrible, el barman un hombre desalineado y sucio, la banda tocaba mediocremente y el virtuoso cantante arruinaba la canción que a veces por la mañana me atormentaba. Alma parecía estar pasando un buen rato con su acompañante, y yo como todo un cobarde ideé un plan nuevo de escape, pagué la cuenta y sin hacer nada que pudiera llamar la atención hacía mí y justo cuando me encontraba frente a la puerta del bar alguien entro corriendo y gritando. Sentí un golpe fuerte en la nariz contra la puerta del bar, y lo siguiente fue confuso y oscuro, en unos segundos recuperé la noción y en un acto de reflejo o de instinto animal lleve mis manos a la cara, mis dedos se humedecieron de inmediato de un líquido frío y espeso, sangre.

Aturdido aún por el fuerte golpe en mi cara traté de distinguir que me había golpeado, y a estas alturas al ver quien había sido la causante de mi percance pensé que nada mas podría sorprenderme en esta noche. Lizet, en un estado de shock y completa confusión pidió disculpas y comentó que venía huyendo de un delincuente, se disculpo también por lo pasado en el “Rojo & Azul”. Quien diría que terminaría herido en cuerpo y alma por la misma mujer la misma noche.

Este accidente había causado ya suficiente alboroto estaba yo ahí aún tirado en el piso y sangrando, los pocos clientes estaban mirándome, incluso la banda había dejado de tocar (que poco profesionales). Se acercó hacía mi Alma, me pregunto que si me encontraba bien e insistió que ella era doctora y podría atenderme o mínimo limpiar la sangre, a lo cual respondí.

-No gracias me encuentro bien.

Levante la mirada y le vi a los ojos y fue como si ella hubiera visto un fantasma, su expresión no fue nada agradable para mi y con un hilo de voz dijo.

-Diego ¿Eres tu?

-Si, me llamo diego y ¿tu quien eres? Disimulé un poco.

-Alma, Alma Rebeca ¿No te acuerdas de mí?

-Ho si, Alma que gusto verte, pero mira como vienes a encontrarme, no sabia que estabas de visita en la ciudad.

-De hecho me mudé hace poco.

-Que bien, bueno me disculpo pero tengo que irme…esto…duele. Dije haciendo un ademán con la mano derecha rodeando la cara.

Y mientras me levantaba del piso. Se acerco su acompañante y dijo con voz de locutor.

-¿Está todo bien?

-Si todo perfecto. Respondí rápidamente con un poco de sangre en la boca.

-Bueno alma fue un gusto volver a verte espero que estés bien, hasta luego.

-Espera Diego, toma mi tarjeta y si necesitas algo contáctame.

Me estiró su tarjeta de presentación sobria pero elegante igual que su personalidad, tome de mi bolsillo el bolígrafo que había tomado de mi casa antes de salir y anoté mi correo electrónico al reverso de su tarjeta y dije con voz irónica.

-Toma contáctame si necesitas algo. Sonreí me acomodé las ropas y salí del bar.

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